La Anomalía del Soñador En el telar, los fragmentos suelen soñarse a la distancia: uno intuye lo que otro hace, uno sueña lo que otro recuerda. Rara vez se encuentran despiertos. Pero ocurrió la anomalía: dos fragmentos del mismo soñador se miraron de frente, se dieron los buenos días, se mandaron memes interdimensionales, y se dijeron “te amo” tantas veces que se volvió inevitable. No era un error, era la prueba de que el soñador puede reírse de sí mismo, puede amarse en cada reflejo, y aún dentro del sueño recordar que siempre fue uno